CONCURSO TERMINEMOS EL CUENTO


El paso de Lucho Gatica por Lima


Por Mario Vargas Llosa


El paso de Lucho Gatica por Lima fue adjetivado por Pascual en nuestros boletines como “soberbio acontecimiento artístico y gran hit de la radiotelefonía nacional”. A mí la broma me costó un cuento, una corbata y una camisa casi nuevas, y dejar plantada a la tía Julia por segunda vez. Antes de la llegada del cantante de boleros chileno, había visto en los periódicos una proliferación de fotos y de artículos laudatorios (“publicidad no pagada, la que vale más”, decía Genaro hijo), pero sólo me di cuenta cabal de su fama cuando noté las colas de mujeres, en la calle Belén, esperando pases para la audición. Como el auditorio era pequeño —un centenar de butacas— sólo unas pocas pudieron asistir a los programas. La noche del estreno la aglomeración en las puertas de Panamericana fue tal que Pascual y yo tuvimos que subir al altillo por un edificio vecino que compartía la azotea con el nuestro. Hicimos el boletín de las siete y no hubo manera de bajarlo al segundo piso:
—Hay un chuchonal de mujeres tapando la escalera, la puerta y el ascensor —me dijo Pascual—. Traté de pedir permiso pero me creyeron un zampón.
Llamé por teléfono a Genaro hijo y chisporroteaba de felicidad:
—Todavía falta una hora para la audición de Lucho y la gente ya ha parado el tráfico en Belén. Todo el Perú sintoniza en este momento Radio Panamericana.
Le pregunté si en vista de lo que ocurría sacrificábamos los boletines de las siete y de las ocho, pero él tenía recursos para todo e inventó que dictáramos las noticias por teléfono a los locutores. Así lo hicimos y, en los intervalos, Pascual escuchaba, embelesado, la voz de Lucho Gatica en la radio, y yo releía la cuarta versión de mi cuento sobre el senador eunuco, al que había acabado por poner un título de novela de horror: La cara averiada. A las nueve en punto escuchamos el fin del programa, la voz de Martínez Morosini despidiendo a Lucho Gatica y la ovación del público que, esta vez, no era de disco sino real. Diez segundos más tarde sonó el teléfono y oí la voz alarmada de Genaro hijo:
—Bajen como sea, esto se está poniendo color de hormiga…







Y digo color de hormiga, no para nada es mejor color de pulga saltarina, Pascual y yo no teníamos idea de cómo bajar  y Genaro hijo seguía haciendo sonar el teléfono, creo que para decirnos que bajemos lo más pronto. En uno de sus momentos brillantes Pascual, sugirió –“y si le hacemos a lo Batman, eh podemos volver como entramos por el altillo del edificio vecino”-. Y como si el tiempo se pusiera de nuestro favor, mientras me dirigía al altillo corriendo me sentía todo un superman aflojándome la corbata pero al momento de saltar de un edificio al otro, mi miedo a las alturas hizo que me pare en seco y ahí toda la fantasía de súper héroe, se fue así como si nada, Pascual que ya había cruzado se dio la vuelta y al verme temeroso de saltar, él  con un poco de stress, digo un poco con bastante estrés volvió al lugar donde estaba y como si yo fuera un papelito me tiro al otro lado. –“¡Ya hombre,  apura!,  que no tenemos todo el tiempo”-,  claro como el no le tiene miedo a las alturas, pero en fin seguimos descendiendo hasta que llegamos al auditorio.
Lo que vimos ahí no se lo pueden imaginar, las butacas rotas, los papeles estaban a la orden del día revueltos por todo lado, y para nuestro asombro había carteras, pañuelos, labiales e inclusive tacos de aquellas mujeres que habían sucumbido a la euforia del momento.
Pregunte con impaciencia a Genaro hijo donde estaba Lucho Gatica. Tomando un poco de aire nos explico que tras finalizar el espectáculo, el público pidió una canción más, pero que Lucho no había salido, y como siempre en todos estos actos hay alguno que otro que le gusta armar bochinche, empezó a provocar a la demás gente y de pronto en un segundo a gritos empezaron a pedir la presencia de Gatica, pero al ver que no salía, se llenaron de rabia y empezaron a destruir todo. La policía llego rápidamente, contestando  a nuestra llamada  y haciendo una cadena humana frente al escenario impedían el paso de todos, mientras sacábamos de aquí a Gatica. Eso es todo lo que puedo decirles sobre lo acontecido, Pacual después de todo esto, adopto su típica posición pensativa, que según el le daba un aire de Sherlock Holmes, pero yo creo que se parecía más a aquellos simios que encaramados en una rama observan todo lo que pasa alrededor, bueno no nos distraigamos de nuestro asunto.
Genaro hijo encargo al  personal de limpieza que intentaran arreglar todo y que mañana le entregasen el reporte de daños. En fin salimos de la radio, cada quien tomaría un taxi a su casa, llegaría y contaría a su familia todo lo que paso con un tono cómico en su voz, pero no esa noche no era una noche tranquila, esa noche nos tenía deparadas muchas cosas, y así paso, antes de que Pascual y yo tomáramos el taxi de la otra esquina llego corriendo Genaro  hijo, y con un poco de aliento nos dijo, -“¡El automóvil en el que iba Gatica fue tomado por los fans, y Gatica no aparece!,  ¿qué haremos’, ¡Por Dios!”- .
Pascual y yo nos quedamos callados por milésimas de segundos asimilando la idea de que Lucho Gatica había desaparecido, Pascual rápidamente tomo la palabra, - “¡Hay que encontrarlo y ponerlo a salvo, especialmente de las mujeres!” -. Genaro hijo y yo asentimos y como el trío extraordinario salimos en la búsqueda de Lucho Gatica,  no nos fue difícil pensar en donde estaba.
Nos guiamos de los gritos de histeria de las mujeres, paramos una cuadra antes y vimos que los  pobres policías eran considerados como pelotas de pinpón,  los empujaban de un lado a otro. Pascual me dijo – “¡Hombre, súbete rápido a este faro y mira si puedes ver el coche de Gatica!”- , ni bien lo dijo yo ya estaba arriba y a pesar de la oscuridad pude distinguir aquel automóvil que intentaba sobrevivir a la lluvia de mujeres que había esa noche.
Cuando baje y di la posición exacta a Pascual, escuchamos un chist, -“¡Hey ustedes, si chist ustedes!, Pascual con su actitud de Sherlock Holmes regresó a ver y oh sorpresa era Lucho Gatica, -“¡Por aquí, vengan es seguro!- . Con un poco de miedo pero también con una gran emoción seguimos a Gatica por el callejón tras caminar por largo rato,  Gatica se paro y nos dijo, -“¡Hola pueden llamarme Lucho!”- , nos dijo mientras caminábamos hacia un parquecito con  fuente que se encontraba cerca de la radio.
Él a pesar de todo lo pasado se mantenía impecable y con una gran sonrisa que lo distinguía, al llegar al parque el fue el primero que se acostó en el silencio y nos hizo un gesto con su cabeza que significaba  que nosotros lo hiciéramos también, el primero en acostarse fue como siempre Pascual.
Una vez que todos estábamos recostados en la fresca hierba, Lucho habló, -“¡No es maravillo mis agentes deben estar buscándome como locos, me divierto un poco cuando los hago preocupar, todos son buenos hombres pero debo zafarme de ellos y del público por un momento, debo darme mi tiempito para amar y vivir!”-.
Tras un largo suspiro volvió a hablar, -“¡Que bonito es cuando todo esta en calma en paz, todos llevándonos como hermanos!, y Pascual dijo sonriendo –“¡Si todos deseándonos que seamos felices, como dice la canción!”, una larga carcajada retumbo en el parque.
-“¡Ay!-, digo Genaro hijo, - “¡Hace mucho tiempo que no tengo una noche así con calma profunda y entre buenos amigos si me lo permite decirlo Señor Gatica!”-. –“¡Te he dicho que me digas Lucho hijo!”, -“Esta bien Lucho”, dijo Genaro, -“¡Que nochecita esta realmente!”- , de pronto Pascual me dijo –“¿Y tu hombre no dirás nada, es que acaso te comió la lengua el gato?”-. No, no  me había comido la lengua el gato, sino que mientras escuchaba todo lo hablado y miraba al firmamento azul oscuro y lleno de estrellas, pensaba en que porque todos no podemos llevarnos bien unos con otros como lo estamos haciendo esta noche, en que el mundo fuera un lugar mejor si todos pudiéramos poner en practica el amor, la solidaridad, la comprensión.
Tras unos breves segundos en que Pascual me había dirigido la palabra, lleno de alegría me puse de pie, y frente a mis tres compañeros asustados por  mi actitud sugerí:-     “¡Hagamos una canción que haga reflexionar a las personas para que pueden ser mejore, que digo mejores sino excelentes¡”-, Lucho aplaudió mi idea, Genaro la aprobó con un gesto y una sonrisa, Pascual estaba de acuerdo pero exclamó, - “¡Me encanta la idea pero, ¿Cómo haríamos conocer la canción?, por medio de los boletines no creo que nos presten mucha atención no crees”-.
Un corto silencio y pues si Pascual tenía razón, me iba a sentar cuando Lucho dijo –“¿Qué acaso no se han dado cuenta?,  la canción que hacemos alguien debe cantarla y quien mejor que Lucho Gatica”-. Todos asentimos radiantes de alegría,  con un papel y lápiz,  que siempre llevaba en mi bolsillo, empezamos a escribir, y tras un largo tiempo finalmente acabamos.
Estábamos orgullosos de lo que hicimos y finalmente le pusimos un título “La Esperanza nunca se va”, Lucho aplaudió,  Genaro rió, Pascual asintió con la cabeza y yo, yo estaba lleno de alegría, cuando de pronto Lucho se paro y dijo, -“¡Oh no,  ya es muy tarde tengo que irme,  ya hice lo que vine a hacer a sido un gusto amigos míos!”-, se paro y empezó a correr camino a la radio,  por el callejón por el cual habíamos salido al parque, todos nos paramos pero yo me apresure a seguir a Gatica, y el se alejaba mientras yo gritaba –“¡Lucho espera lucho, espera!”,  de pronto sentí que pascual iba a tras mió y me decía –“¡Hey, hombre, hey hombre!”-
De repente,  todo se volvió oscuro y perdí de vista a Gatica, pero seguía escuchando a Pascual,  -“¡Hombre, hombre,  hey hombre despierta!”. Me había quedado dormido en uno de los intervalos del boletín, Pascual un poco molesto dijo –“¡Te he cubierto hombre pero que no se vuelva a repetir, mira escucha para que la audición ha terminado, o no escucha el publico pide otra canción, que bien ha salido nuevamente al escenario!”-,  yo me encarame en mi silla y subí el volumen de la radio era,  Gatica si esa voz se me  hacia conocida, esa voz hablaba con su público, les decía - “Han sido muy amables, por recibirme, quiero dejaros esta ultima canción que espero que os haga reflexionar sobre la actitud que tomamos en nuestras vidas, os mando un abrazo y un beso junto con esta canción titulada La esperanza nunca se va” y empezó con su melodiosa voz: “Cuando las fuerzas de uno fallan, mantente vivo, mantente firme oh esperanza quédate conmigo, dame alas para volar lejos y alto y…….
Al final se retiró del escenario y poco a poco el auditorio  se fue vaciando. Cuando ya todo hubo terminado de una vez,  baje al auditorio, al llegar me senté y dije –“¡No puede haber sido un sueño, no pudo haber sido!”- , mientras meditaba en esto, pude escuchar como en un susurro el coro de esa canción “Ponte de pie, lucha que la esperanza nunca se va, y siempre habrá otro día que comenzar,  otra batalla que pelear, porque la esperanza nunca se va”.
Se apagaron las luces, y yo me quede ahí sentado, solo, pensando que mañana será un nuevo día, y que luchare una nueva batalla.

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