¿Y después del fordismo que pasó?

Históricamente, después de la Segunda Guerra Mundial una de  las guerras que más tuvo en vilo a la población fue la Guerra Fría, término que se usó para denominar a la rivalidad que existía en la que dos potencias mundiales (sobrevivientes a la Segunda Guerra) que se disputaban el dominio del mundo de forma ideológica, tecnológica y política. Por un lado, se encontraba el bloque occidental/capitalista liderado por EE.UU y por otro el bloque del Este, (oriental-comunista), liderado por la URSS.

Durante varios años, el mundo fue testigo de diferentes enfrentamientos entre estos dos gigantes, pero como todo tiene un final, la Guerra Fría llega a su fin con la separación en su totalidad de todas las naciones que conformaban la URSS en 1991.

El escenario mundial nuevamente había cambiado, de acuerdo con Jean Christophe Rufín en su ensayo “…” el mundo queda divido en tres bloques: Estados Unidos, Europa (representada por Alemania) y Japón. Paralelamente, estarán presente “los otros” que se encuentran sometidos a las fuerzas económicas de estos tres gigantes. Y en limbo, se encontraban las naciones que querían formar parte la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Esta nueva división mundial y económica desarrollará nuevas formas de relacionar el capital y el trabajo.  Mientras que hasta el momento, el fordismo y su innovadora “cadena de montaje” que apostaba por la expansión del consumo y mercado.

Con este nuevo orden mundial, se desarrolla un postfordismo que se caracterizó por una crisis en la relación salarial (se genera porque las empresas deslocalizan y subcontratan en mercados más baratos), podría decirse que China entra en escena con esta última anotación.  Ya que China empieza a convertirse en un centro reconocido a nivel mundial de mano de obra barata. Estos procesos, nuevamente empiezan a cambiar la jerarquía de las economías mundiales, pero aún se mantienen las estrechas relaciones económicas entre los tres bloques económicos principales a través de una economía heterogénea. Sin embargo, Alain Lipietz, en su artículo “El mundo del post fordismo” señala un punto muy importante de análisis: que pese a la existencia de un bloque integrado dentro de él existen países con regímenes salariales diferentes y subraya su proceso de coexistencia.

Para esto, el autor hace un breve repaso sobre las características fundamental del fordismo. Su primera característica será el que considera al fordismo como principio general de la organización del trabajo, luego como estructura macroeconómica (crecimiento de ganancias en producción y crecimiento de poder adquisitivo de los asalariados), como sistema de regulación ligado estrechamente con la relación entre el salario y el estado; es decir que la demanda dependía de los salarios que cada país asignaba internamente.

Sin embargo, pese a una aparente “perfección del sistema” se empieza a evidenciar una crisis relacionada con la demanda. Hasta el momento la competitividad comercial se debatía entre los tres bloques fuertes; sin embargo, las industrias ven la necesidad de buscar procesos de internacionalización de procesos productivos y de mercado entre países desarrollados. Desde América aumenta la competitividad de las exportaciones a la par que aumenta el precio de materias primas. Y finalmente, las empresas fordistas vieron la necesidad/oportunidad de modificar “inocentemente” las reglas salariales a través de la subcontratación. Como se evidencia hay un cambio fuerte entre las relaciones de capital-trabajo.

Frente a estas crisis, surgen varias soluciones, la más famosa fue la adoptada por Japón, Alemania y Escandinavia: la implicación de los productores y su trabajo coordinada con el medio y los ingenieros. Mahon (1987)  denominará a esta solución como solución por la implicación negociada.
Pero las dos principales vías que se ofrecen para solventar la crisis del fordismo son: la flexibilidad del contrato salarial (relación empresa- asalariado)  y la autonomía responsable (organización y cooperación jerárquica). Llama la atención que estas soluciones, tal cual las plantea el autor, siguen sucediendo en diferentes países de América del Sur que se encuentran en vías de desarrollo, políticas de hace varios años ya, siguen vigentes dentro de la organización interna de estos países.

Mientras tanto China e India, los grandes aislados, empiezan a adoptar un modelo de desarrollo basado en la acumulación de importaciones, compromiso entre el Estado y los trabajadores. China contó con la fuerza del campesinado y una reforma agraria; mientras que la India apostó por una política de sustitución de importaciones  fomentando el desarrollo industrial orientado hacia el mercado interno.

Conforme, evoluciona la humanidad surgen nuevos países industrializados como Brasil o Corea del Sur, y a su vez surgen, por así decirlo, dos modelos de desarrollo: la taylorización primitiva y el fordismo periférico. El primero consiste en la deslocalización de industrias fordistas hacia formaciones sociales con tasas de explotaciones muy altas, las actividades son poco mecanizadas, la composición  técnica del capital es baja ya que no asumen el costo de importación del equipo, moviliza fuerza de trabajo femenina y represión anti obrera.  

El segundo se basa en la relación entre la acumulación intensiva y el crecimiento de los mercados finales, pero es periférico porque los empleos calificados son externos a los países que ejecutan este modelo. Se distingue por al trabajo articulado entre el consumo local de las clases medias, consumo creciente de bienes durables y exportación a bajo precio.

Con el paso de los años se ha evidenciado diferentes críticas a las soluciones de la crisis del postfordismo, si bien la flexibilidad laboral no es la única respuesta ni la mejor, esta puede devenir en procesos de tercerización o del vulneración delos derechos humanos sociales y económicos.

En este mundo, tan globalizado todos los países se encuentra en una carrera de competitividad económica e industrial, por esta razón tienen en sus manos dos opciones que les permita desarrollarse: un ajuste defensivo relacionado con la flexibilidad laboral y un recurso ofensivo con la movilización negociada de los recursos humanos. Esta última sería, sostienen algunos teóricos, sería la más recomendable porque beneficiaría al capital, al sector laboral y al ecosistema global.