"Había una vez", pueden decir que así comienza mi historia, una historia que mientras más la cuento cambia de forma,pues la desenredo mientras la enredo, la incompleto mientras completo.
Pues está historia comenzó hace mucho tiempo, cuando apenas era un pequeño duende. De aquellos que corren sin detenerse, vuelan sin desafallecer, comen sin poder llenarse y rien sin poder parar.
Pues bien, eran tiempos de invierno y la blanca nieve cubría casi todo mi hogar, los dorados rayos del sol trataban de abrirse espacio entre los árboles bañados de un transparente y helado cristal. Los animales de invierno se divertían a costa de los que invernaban. Los pequeños cuervos, saltaban, volaban, picoteaban, buscaban divertirse, comer y jugar. Los pequeños siervos aprendían a reconocer el bosque, junto con sus madres se ocultaban de los cazadores y junto con los otros animales se ofrecían protección.
Pues bien, fue en invierno cuando el príncipe Erik despertó; era hijo del invierno y era obvio que está sea su época favorita para despertar. Pero jámas pudo esperarse que este nuevo invierno significaría la mayor tortura de su vida.
Cuando el príncipe despertó, todo el invierno se llenó de una cálida blancura, todos los animales de cierta forma se llenaron de gozo; Erik recorría los campos a sus anchas, dejando en su camino la blanca escarcha del tibio invierno. Feliz estaba en su camino, cuando descubrió una pequeña casucha en la mitad del bosque, se ocultó para ver quien vivía en aquel pobre lugar.
De entre los matorales que rodeaban a la casa, una joven muy delicada pero con harrapos como vestimenta apareció de repente; en sus brazos llevaba una pequeña canasta con raíces que había podido recoger. Estaba llegando ya a su puerta, cuando vió que algunos pobre pajaritos trataban de comer algunas hierbitas que se caían de su canasta. Compadecida frente a este escena, imitó el piar de las aves invitándolas a entrar dentro de su cabaña: "Piu, piu, piu" dijo la joven como queriendo decir, vengan aquí hay comida, y "piu piu piu" respondieron los pajaritos para agradecerle; y posándose en su mano entraron con ella a su pobre pero cálido hogar.
Una vez que esto sucedió, salió Erik de su escondite y asombrado ante tal escena, se preguntaba el nombre de esa bella chica. Ni corto ni perezozo ni lento, fue en busca del señor Búho, aquel que todo lo sabe; cuando llegó donde éste, con saltos le describió todo lo que vio.
Búho tras escuchar al muchacho, se colocó sus gafas y lo vio directamente. En el rostro de Erik había un escarchado con un tonol pastel y Buhó se dijo para sí mismo: Este joven se enamoró y se enamoró de un imposible pues aquella joven que vive ahí es la hija de la primavera. Después de un silencio incómodo, el príncipe exigió una respuesta a sus dudas. A lo que el Búho contestó: Has nacido con buena estrella, mi querido príncipe y no está en tu destino conocer el nombre de esa mujer. Conformate con observarle en invierno porque cuando este se acabe ella desaparecerá.
Erik se fue muy triste con tal noticia; sin embargo, al llegar a sus aposentos se encontró con Tantil, un viejo topo amigo suyo. Este al ver la expresión en su rostro, le preguntó que pasaba. El príncipe comenzó a hablar diciendo lo que Búho le dijo, el topo le preguntó como era aquella mujer, pues el también temía lo peor.
El príncipe, entonces no pudo parar, con movimientos de sus manos, empezó a hablar: Es llena de vida, llena de amor, llena de alegría y de compasión, vive por ella, vive por los demás, ella sólo quiere ayudar. Es ella, es ella mi mujer bonita. Es tan delicada y especial y hermosa y generosa y preciosa, voy a decirlo mil veces es lo mejor que me ha pasado en la vida.
La noche pasó y Erik durmió profundamente aunque soño toda la noche con su hermosa ninfa del bosque, pero entre sueños y sueños soñó que cada vez que se acercaba ella le abría sus brazos pero también se alejaba con un semblante triste y la oscuridad los cubría a ambos.
Cuando los dorados rayos del sol tocarón el rostro de Erik, éste, literalmente voló hacía la vieja cabaña, ahí encontró a la dueña de su corazón. Con aire presuroso se acercó a ella y le dijo: ¿Podrías ayudarme? ando perdido en este bosque. La joven muchacho vio al extraño con asombro, pero se asombró más cuando se detuvo a observarlo y descubrió su belleza.
Sophie, era el nombre de esta muchacha, la hija de la primavera. Cuando Sophie vio a Erik algo sucedió dentro de su cuerpo; aquel hombre de cabellos blanco, con la tez pálida, sonrisa amable, labios rosados y con un brillo escarchado especial en su casa. Algo temerosa, ella respondió: No conozco mucho del bosque cuando es invierno pero puedo ayudarte a encontrar a un camino, pasa debes tener frío, tomas algo caliente y luego te ayudaré.
Erik emocionado entró a la casa, pero al entrar el fuego que alimentaba la chimenea se apagó. Ambos muchachos se miraron y rieron. Para tratar de excusarse, Erik dijo que había recordado donde vivía y que el mismo podría regresar, pero le preguntó a Sophie si podía regresar para hacerle compañía. Sophie aceptó con la cabeza, aunque después de que Erik se marchó se asombró de haber aceptado la propuesta de tan guapo extraño. Mientras tanto, Topo y Búho veían preocupados lo que sucedía entre los dos amantes, y se preocupaban cada vez más porque el invierno estaba por terminar y el príncipe envejecería y envejecería y moriría.
Erik notó que su cuerpo perdía fuerza, que se le dificultaba llegar donde Sophie, antes el llegaba en un fuzzz del viento y ahora se demoraba más. De igual manera, Sophie se sentía cambios en su cuerpo, era más fuerte y resistía el frío tranquilamente. Un día después de un maravilloso encuentro, Erik fue donde Búho para pedirle una explicación de lo que pasaba con él. Búho al verlo se sorprendió de verlo tan demacrado y viejo. Cuando Búho empezó a contarle a Erik, quién era Sophie en realidad y lo que iría pasando según el avanze del tiempo, el príncipe sólo derramaba lágrimas que al caer se convertían en un transparente hielo.
Topo por su parte se dirigió a la cabaña de Sophie, y también al decirle lo que estaban pasando con Erik, la princesa no pudo resistir y lloro igualmente, pero sus lágrimas alimentaban a las flores que por el invierno no había podido crecer.
Cada uno de los jóvenes decidió ocultar su secreto en lo secreto de su corazón, y decidieron seguir viéndose para poder ofrecer lo mejor de uno para el otro. Y reían y lloraban y gritaban y callaban.
Y el último día de invierno, previo al primer día de la primavera los jóvenes amantes se vieron por última vez. Erik llegó apoyado en un bastón y Sophie se encontraba más radiante que nunca. Los dos con lágrimas en los ojos y con un beso se dieron un último adiós. Erik desapareció en el viento y Sophie voló entre las alas de las primeras mariposas de la primavera.
Y fue esto lo que yo vi.
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