Jamás pude darte una carta, tuve las intenciones pero jamás lo intente. ¿Acaso en donde estás puedes escucharme?.
Momentos para decirte te quiero nunca faltaron, pero tan sólo pude abrazarte y decirte aquí estoy. Cuando tus ojos derramaban lágrimas trate de estar ahí. Sin embargo nunca fue lo suficiente.
Como me gustaría decir que puedo recordar muchos bellos momentos a tu lado, pero son tan contados los que pase a tu lado. Decir que puedo recordar, pero hoy tan sólo voy a imaginar.
Imaginar que fueron demasiadas las tardes interminables de verano en que nos sentábamos a ver las nubes, y con tu sonrisa sincera señalabas las mil y un formas que imaginabas. Imaginar que juntos cantábamos muy fuerte o que simplemente corríamos bajo la lluvia.
Te recuerdo a cada instante y no puedo creer que ya ha pasado un año desde que te fuiste. Que jamás pude entender los motivos por los cuales Él te llevó.
Desde aquel día, en que recibí la terrible noticia, no ha pasado día sin que te recuerde, sin que te extrañe. Días y días interminables en los que no siento tu fuerza, no es fácil entender sus designios, no es nada fácil. Creeme que trato de entender y comprender que ahora estás en un mejor lugar, donde nada ni nadie te pueda hacer daño.
Aún no puedo escuchar cuando los muchachos tocan "Ángel", las lágrimas corren lentamente por todo mi rostro, todo es difícil.
Aún es difícil recorrer lugares que tú has recorrido, te extraño demasiado. A veces cuando estoy en duras situaciones, me pregunto a mí misma y a la vez preguntando al viento ¿Qué podrías tú decir?.
Siempre fuiste mi apoyo y mi fuerza, siempre me protegiste y sobre todo siempre fuiste y serás mi primo. Eras un joven que con su sonrisa podía iluminar el día más oscuro para alguien o que con una frase de aliento podías hacer que cualquiera jamás perdiera sus esperanzas. Por esto, es que se me hace tan difícil el comprender que ya no estás aquí conmigo.
Mi mamá te extraña demasiado, para ella también es difícil aceptar que te has ido lejos, que te has ido a un lugar donde no podemos seguirte.
Dime qué hago, dime cómo puedo encontrarte. Una vez cuando hablamos por celular, dijiste que jamás me dejarías y que si llegabas a hacerlo podría reconocerte en el viento o en cualquier cosa que sea especial para mí.
Pero, ¿es qué acaso estoy ciega? Porque no te puedo ver, a veces creo que te siento, pero son tan sólo breves momentos.
Recuerdas que también me decías, que pase lo que pase siempre resista a las adversidades, que era lo suficientemente fuerte para resistir cualquier tormenta que se presentase y que si yo no podía serlo tú lo serías por los dos.
Y ahora que no estás, yo no soy fuerte o ¿acaso lo sigo siendo? ya no lo sé. Tú hubieras dicho con la alegría que te distinguía "calmaraste marsupial" ahora son palabras que regresan a mi mente y se van, como el mar que baña a la playa pero que luego se aleja para el horizonte. Dime tú qué debo hacer.
Esta es mi primera y mi última carta. Estés en donde estés, sé que la leerás, porque no está escrita sólo en un papel o una computadora, sino que mientras yo la escribo con mis manos, mis lágrimas escriben en el viento. Viento que llegará a ti, no estés triste por mí, yo aún estoy en proceso de aceptar en donde estás.
Te mando todo mi amor, que aunque jamás te lo dije o demostré, tú sabías que lo tenías. Una última cosa, he vuelto a hacer música, después de que falleciste, juré nunca más hacer música, pero pensé que no hacerlo sería un insulto a tu memoria; porque a ti y a mí, a más de la sangre y el amor, nos unía la música. Así que tranquilo que yo aquí sigo haciendo que tu presencia renazca día a día.
Hasta luego Luis Javier.
Pd.: Siempre voy a tratar de ser fuerte, porque fue lo que tú me enseñaste "Prima cuando el día parezca gris, esté en donde esté, te mando mi fuerza, porque juntas hacen de ti una mujer grandiosa" esa siempre era tu frase.
No hay comentarios:
Publicar un comentario